El coste real de derivar: cuánto pierde al año una clínica por no tener resonancia propia 

Para el propietario o director médico de una clínica, derivar pacientes para una resonancia magnética puede parecer parte normal del proceso asistencial. Sin embargo, cada prueba que sale del centro también puede suponer una pérdida económica, operativa y de continuidad con el paciente. 

El coste no está solo en la prueba que no se factura. También está en el ingreso que deja de capturarse, en los pacientes que no vuelven, en los tratamientos que se retrasan y en la pérdida de control sobre el recorrido clínico. 

El margen que se queda fuera de la clínica 

Cada resonancia derivada es una oportunidad que otro centro aprovecha. 

Si una exploración puede generar entre 120 y 180 euros de ingreso potencial, una clínica que deriva 20 estudios al mes está dejando escapar entre 28.800 y 43.200 euros al año. 

Con 40 derivaciones mensuales, la cifra puede situarse entre 57.600 y 86.400 euros anuales. 

No se trata únicamente de facturación. También se pierde la posibilidad de integrar la resonancia dentro del propio circuito clínico: consulta, imagen, diagnóstico, tratamiento y seguimiento. 

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El riesgo de que el paciente no vuelva 

Cuando el paciente debe acudir a otro centro para hacerse la resonancia, la clínica pierde parte del control sobre su experiencia. 

Durante ese proceso, el paciente puede entrar en contacto con otros profesionales, recibir nuevas recomendaciones o retrasar su vuelta. En algunos casos, simplemente no regresa. 

Para clínicas que combinan traumatología, fisioterapia, rehabilitación o seguimiento de lesiones, esta fuga puede tener un impacto importante. No solo se pierde una prueba de imagen, sino también consultas, sesiones y tratamientos posteriores. 

Un proceso más lento y fragmentado 

El circuito habitual suele ser largo: primera consulta, sospecha clínica, derivación externa, cita para la resonancia, espera del informe y nueva visita. 

Cada paso añade tiempo, coordinación y posibles abandonos. Para el equipo clínico, significa tomar decisiones más tarde. Para el paciente, supone más incertidumbre y una experiencia menos fluida. 

Disponer de RM propia permite reducir esta fricción y mantener el recorrido asistencial dentro del centro, con más control sobre los tiempos y la continuidad del tratamiento. 

Cómo calcular el coste real de derivar 

El cálculo puede hacerse con datos sencillos de la propia clínica. 

Durante tres meses, conviene registrar: 

  • Cuántas resonancias se derivan al mes. 
  • Qué ingreso medio podría obtenerse por estudio. 
  • Qué porcentaje de pacientes no vuelve después de la derivación. 
  • Qué ingresos posteriores se pierden: revisiones, sesiones de fisioterapia, rehabilitación o tratamientos complementarios. 

 

Una fórmula sencilla sería: 

Derivaciones anuales × ingreso medio por prueba + pacientes perdidos × valor medio del tratamiento posterior 

A ese resultado habría que restarle los costes asociados a disponer del servicio dentro de la clínica. 

Medir antes de decidir 

El objetivo no es asumir que toda clínica necesita una resonancia propia. La clave está en medirlo con números reales. 

Cuando el volumen de derivaciones es estable, el coste de no actuar puede ser mayor que el coste de incorporar la tecnología. 

Para muchas clínicas, la pregunta ya no es solo cuánto cuesta tener una RM propia, sino cuánto valor se pierde cada año al enviar fuera pacientes, pruebas y oportunidades de tratamiento. 

Calculadora para calcular el coste de la derivación de RM: